ARTURO DUARTE CARRIÓN
POR HUMBERTO OSORNO F.
En las noches tibias, calladas, cuando Diana
va regando de plata los senderos y los fragantes jardines se duermen en lenta
desfloración, miradle cómo recoge en su castillo de ensueño las alas de su
espíritu, como musita su corazón de poeta y cómo preludian sus labios
fervorosos la exquisita armonía que produce el amor.
Y va al encuentro este mimado de las musas
con los brazos abiertos, coronado de mirtos y bajo el cielo estrellado, hacia
la visión celeste de una mujer divina, para estrujarla a beso sus níveas carnes
de seda y chuparle poco a poco la rica miel de sus labios en flor.
Su poesía es tierna y sencilla. El dolor de
la vida le ha hecho destilar finas gotas de acíbar; por eso le vemos llorar
como un niño a la vera del camino su desdichado amor, las ilusiones fugaces, la
trémula palidez de la tarde, los suspiros vagos de los nidos y la muerte
temprana de los lirios.
Su modo de ser tan ingenuo, tan humilde, que
deja al huerto de honda espiritualidad, cuando melancólicamente gorjea el tierno
ruiseñor que lleva cautivo en la jaula azul de su cerebro.
Pero mi amigo Duarte Carrión, no sólo es un
poeta, sino que también un brillante escritor; su pluma de artista sabe tejer
la jugosa frase con sinceridad y nobleza.
Era un niño en los tiempos de la legendaria
revista “Los Domingos”, cuando vimos gallardo a Duarte Carrión pincelar dentro
de la musicalidad del entusiasmo literario que cultivaban con éxito Salvador
Ruiz Morales, Juan Ramón Avilés, Hernán Robleto, Ramón Sáenz Morales, Manuel
Rosales y otros.
Eran tiempos entonces de cultura de
renacimiento bajo el cielo nativo, cuando ya en la florida Tenochitlán, rompían
en líricas orquestaciones de revuelos espirituales sobre las colinas, lagos y
chinampas. Eran la primavera del Arte que fecundaban con sangre de su espíritu:
Gutiérrez Nájera, Nervo, Acuña, Urbina, Sierra, Díaz Mirón, Flores, y Peza.
Y la vida era más bella, más noble y más
digna.
La muchachada nicaragüense de cuando Duarte
Carrión, no se ha repetido hasta al momento y es que factores de otro orden han
pervertido el sentimiento, han archisuperatrofiado el alma.
Rindamos nuestro homenaje al exquisito poeta
amigo con el himno del Triunfo; así sea.
HUMBERTO
OSORNO F.
1 DE NOVIEMBRE DE 1936
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