domingo, 12 de junio de 2016

ARTURO DUARTE CARRIÓN POR HUMBERTO OSORNO


ARTURO DUARTE CARRIÓN
POR HUMBERTO OSORNO F.
 


   En las noches tibias, calladas, cuando Diana va regando de plata los senderos y los fragantes jardines se duermen en lenta desfloración, miradle cómo recoge en su castillo de ensueño las alas de su espíritu, como musita su corazón de poeta y cómo preludian sus labios fervorosos la exquisita armonía que produce el amor. 

   Y va al encuentro este mimado de las musas con los brazos abiertos, coronado de mirtos y bajo el cielo estrellado, hacia la visión celeste de una mujer divina, para estrujarla a beso sus níveas carnes de seda y chuparle poco a poco la rica miel de sus labios en flor.   

   Su poesía es tierna y sencilla. El dolor de la vida le ha hecho destilar finas gotas de acíbar; por eso le vemos llorar como un niño a la vera del camino su desdichado amor, las ilusiones fugaces, la trémula palidez de la tarde, los suspiros vagos de los nidos y la muerte temprana de los lirios. 

   Su modo de ser tan ingenuo, tan humilde, que deja al huerto de honda espiritualidad, cuando melancólicamente gorjea el tierno ruiseñor que lleva cautivo en la jaula azul de su cerebro. 

   Pero mi amigo Duarte Carrión, no sólo es un poeta, sino que también un brillante escritor; su pluma de artista sabe tejer la jugosa frase con sinceridad y nobleza. 

   Era un niño en los tiempos de la legendaria revista “Los Domingos”, cuando vimos gallardo a Duarte Carrión pincelar dentro de la musicalidad del entusiasmo literario que cultivaban con éxito Salvador Ruiz Morales, Juan Ramón Avilés, Hernán Robleto, Ramón Sáenz Morales, Manuel Rosales y otros.  

   Eran tiempos entonces de cultura de renacimiento bajo el cielo nativo, cuando ya en la florida Tenochitlán, rompían en líricas orquestaciones de revuelos espirituales sobre las colinas, lagos y chinampas. Eran la primavera del Arte que fecundaban con sangre de su espíritu: Gutiérrez Nájera, Nervo, Acuña, Urbina, Sierra, Díaz Mirón, Flores, y Peza. 

   Y la vida era más bella, más noble y más digna. 

   La muchachada nicaragüense de cuando Duarte Carrión, no se ha repetido hasta al momento y es que factores de otro orden han pervertido el sentimiento, han archisuperatrofiado el alma. 

   Rindamos nuestro homenaje al exquisito poeta amigo con el himno del Triunfo; así sea.

 
HUMBERTO OSORNO F.

1 DE NOVIEMBRE DE 1936

 

 

 

 

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