DON ARTURO DUARTE CARRIÓN
La Semana Cómica Ilustrada
El
personaje de la Semana Don Arturo Duarte Carrión Nació a fines del siglo pasado
en la ciudad de Masaya, de donde se vino para Managua con el propósito de
triunfar, y triunfó. Pues eso de ser jubilado en el Banco Nacional, donde a los
empleados los sacan a cuatro meses de la fecha de su jubilación, es un triunfo
a todas luces recontra-positivamente.
Su vida de aventura y de rimas le fue
pronosticada por unos gitanos que pasaron hace 50 años por Nicaragua. --Tú
serás poeta---le dijo una viejonzona de la tribu---y también sultán. A partir
de esa fecha Don Arturo comenzó a hacer versos de día y de noche, pero más de
día que de noche por cuanto las noches las dedicaba siempre a hacer sus
conquistas para no dejar frustrada la profecía de la vieja gitana.
Sus primeros versos comenzaron a aparecer en
el día con “La Noticia” de su amigo Juan Ramón Avilés. Versos bonito musicales,
breves y muy bien rimados y, sobre todo pegajoso que todavía no se nos han
olvidado, pese a que los escribió hace 50 años, aquellos que les hizo a una
pipiancita que estaba de hija de casa de los Salvatierra:
«Cuando yo te conocí no he sabido qué pensé ni
tampoco que sentí;
desde entonces sólo sé que algo
raro pasa en tí
muy adentro del corsé, por lo que
te pido que me des pronto el dulce sí».
También no se nos ha olvidado aquel poemita
que dedicó a una negra cubana con quien lo vimos varias veces en el “Café
Florido” en 1929.
«Mulata sabrosa y grata:
Cómo me pesa
no tener bastante plata
para comprarte, mulata,
de los pies a la cabeza!»
Posteriormente Don Arturo entró a trabajar al
Banco Nacional de Nicaragua, en donde comenzó por puestos de mínima importancia
y fue escalando posiciones hasta llegar a Vice-Gerente del Departamento de
Emisión, siendo muy querido de todos por su trato humano y afable, sobre todo
por las del sexo femenino, secretarias, mecanógrafas, telefonistas, etcétera, a
quienes hacía versos mañana y tarde y les lanzaba piropos retrecheros y
acaramelados. Nunca se le hallaba en la Vicegerencia, pues acostumbraba
confundirse en la Sección de Caja, sentadito por allá frente a una máquina de
escribir y en la cual escribía versos dulces y románticos que él dedicaba
gentilmente a Priscila, a Eufemia, a Rosa, a Gudelia, etc. Eso en lo tocante a
la parte primera de la profecía de la gitana.
En cuanto a la segunda, que iba a ser sultán,
Don Arturo ha dejado muy pequeñito a los orientales en eso de mantener 6 y
hasta 8 “sucursales” además de su “Banco Central” y ha dejado así mismo muy
atrás a los chinos con respecto a su prodigalidad para la procreación, ya que,
como él mismo asegura, “donde pone el ojo, pone la bala”.
Se
calcula que don Arturo tiene 61 hijos, uno por cada año de lo que va del siglo
XX. Entre sus retoños los hay de 25 años de edad hasta los de 6 meses de
nacidos; unos son blancos y gorditos como él, otros morenos de color canela,
otros negritos (hijos de dos hermanas blufilenses), y con una variedad de ojos
y calidades de pelo que varían entre azules y negros y entre lisos y crespos.
En cuanto a los nombres de su prole, le ha dado vuelta dos veces al Santoral
Romano.
Bajo, gordo de ojos sugestivos y labios
carnosos y sensuales, rápido en el andar, de movimientos ágiles y nerviosos,
Don Arturo Duarte Carrión recorre todas las calles y avenidas de la Capital sin
rumbo fijo, deteniéndose de vez en cuando para dar paso a una dama hermosa en
alguna acera estrecha, o bien para dirigir un piropo aristocrático a alguna de
sus numerosas amigas, o ya para seguir con los ojos las curvas de los pimpollos
despampanantes que todas las tardes pasan por la acera de Carlos Cardenal.
Con su eterno puro entre ambos labios, el
sempiterno traje blanco de dril, sombrero de pita o de fieltro y el saco a
merced del viento callejero, Don Arturo es una visión andariega que ya forma
parte de la geografía de Managua.
Jubilado del Banco Nacional, los días de pago
llega muy temprano a cobrar su pensión cuyo monto cambia en billetes nuevecitos
de un córdoba y luego se dedica a visitar el barrio de Riguero, el de Santo
Domingo, el del Panteón, el de Blandón, el de Cristo de Rosario y otros más
donde tienen su domicilio las numerosas odaliscas de su harén, a quienes
entrega parte de su sueldo para la alimentación de sus 61 hijos y el alquiler
de las casas.
Antes, como es lógico deducir, se había
guardado celosamente lo correspondiente a la Casa Matriz. Pese a sus 76 años de
edad, Don Arturo es tan joven como cualquier colegial. Eso nos trae al recuerdo
que, cuando fue a chequearse a la clínica de los hermanos Mayo, los médicos
especialistas declararon que su edad física cifraba en los 25 a pesar de tener
60 en ese entonces, con lo cual causó mayúscula sorpresa a los doctores, sobre
todo a las lindas enfermeras del hospital que tenían la certeza de que don
Arturo acostumbraba inyectarse el suero rejuvenecedor atribuido a un
descubrimiento del sabio ruso Bogomoletz.
Y una anécdota suya como final: En 1956
concurrió como delegado de Cámaras de Comercio latinoamericanas, celebrada en
México. El canciller mexicano por un olvido involuntario dio la bienvenida a
todas las delegaciones mencionando cada país pero omitió el de Nicaragua. Para
qué hizo eso! Don Arturo, quien en el extranjero se sentía más nica que la
misma tierra nicaragüense, se levantó visiblemente resentido y enojado y le
reclamo al canciller su grave falta, improvisando por ello una formidable
alocución que ha dado timbre y gloria no sólo a nuestro país sino a toda
América. Fue tal el apasionamiento y la sinceridad que brillaron en su discurso
que el canciller se sintió impelido a pedirle disculpas, a abrazarlo
fuertemente y a pedir ( Oh gran apoteosis!) que se ejecutase en su honor el
Himno Nacional de Nicaragua. Y es que don Arturo pega con tubo dondequiera que
va y si no, que digan “ellas” si no es verdad.
Guillermo Castellón
Managua, D.
N; sábado 28 de enero de 1961
La semana
Cómica Ilustrada año II número 54

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