martes, 14 de junio de 2016

EL PERSONAJE DE LA SEMANA DON ARTURO DUARTE CARRIÓN La Semana Cómica Ilustrada por Guillermo Castellón


Arturo Duarte Carrión de unos 40 años 

EL PERSONAJE DE LA SEMANA
DON ARTURO DUARTE CARRIÓN
La Semana Cómica Ilustrada

 El personaje de la Semana Don Arturo Duarte Carrión Nació a fines del siglo pasado en la ciudad de Masaya, de donde se vino para Managua con el propósito de triunfar, y triunfó. Pues eso de ser jubilado en el Banco Nacional, donde a los empleados los sacan a cuatro meses de la fecha de su jubilación, es un triunfo a todas luces recontra-positivamente.
Su vida de aventura y de rimas le fue pronosticada por unos gitanos que pasaron hace 50 años por Nicaragua. --Tú serás poeta---le dijo una viejonzona de la tribu---y también sultán. A partir de esa fecha Don Arturo comenzó a hacer versos de día y de noche, pero más de día que de noche por cuanto las noches las dedicaba siempre a hacer sus conquistas para no dejar frustrada la profecía de la vieja gitana.
Sus primeros versos comenzaron a aparecer en el día con “La Noticia” de su amigo Juan Ramón Avilés. Versos bonito musicales, breves y muy bien rimados y, sobre todo pegajoso que todavía no se nos han olvidado, pese a que los escribió hace 50 años, aquellos que les hizo a una pipiancita que estaba de hija de casa de los Salvatierra:
«Cuando yo te conocí no he sabido qué pensé ni tampoco que sentí;
desde entonces sólo sé que algo raro pasa en tí
muy adentro del corsé, por lo que te pido que me des pronto el dulce sí».
                  
También no se nos ha olvidado aquel poemita que dedicó a una negra cubana con quien lo vimos varias veces en el “Café Florido” en 1929.
«Mulata sabrosa y grata:
Cómo me pesa
no tener bastante plata
para comprarte, mulata,
de los pies a la cabeza!»
               
Posteriormente Don Arturo entró a trabajar al Banco Nacional de Nicaragua, en donde comenzó por puestos de mínima importancia y fue escalando posiciones hasta llegar a Vice-Gerente del Departamento de Emisión, siendo muy querido de todos por su trato humano y afable, sobre todo por las del sexo femenino, secretarias, mecanógrafas, telefonistas, etcétera, a quienes hacía versos mañana y tarde y les lanzaba piropos retrecheros y acaramelados. Nunca se le hallaba en la Vicegerencia, pues acostumbraba confundirse en la Sección de Caja, sentadito por allá frente a una máquina de escribir y en la cual escribía versos dulces y románticos que él dedicaba gentilmente a Priscila, a Eufemia, a Rosa, a Gudelia, etc. Eso en lo tocante a la parte primera de la profecía de la gitana.
En cuanto a la segunda, que iba a ser sultán, Don Arturo ha dejado muy pequeñito a los orientales en eso de mantener 6 y hasta 8 “sucursales” además de su “Banco Central” y ha dejado así mismo muy atrás a los chinos con respecto a su prodigalidad para la procreación, ya que, como él mismo asegura, “donde pone el ojo, pone la bala”.
            Se calcula que don Arturo tiene 61 hijos, uno por cada año de lo que va del siglo XX. Entre sus retoños los hay de 25 años de edad hasta los de 6 meses de nacidos; unos son blancos y gorditos como él, otros morenos de color canela, otros negritos (hijos de dos hermanas blufilenses), y con una variedad de ojos y calidades de pelo que varían entre azules y negros y entre lisos y crespos. En cuanto a los nombres de su prole, le ha dado vuelta dos veces al Santoral Romano.
Bajo, gordo de ojos sugestivos y labios carnosos y sensuales, rápido en el andar, de movimientos ágiles y nerviosos, Don Arturo Duarte Carrión recorre todas las calles y avenidas de la Capital sin rumbo fijo, deteniéndose de vez en cuando para dar paso a una dama hermosa en alguna acera estrecha, o bien para dirigir un piropo aristocrático a alguna de sus numerosas amigas, o ya para seguir con los ojos las curvas de los pimpollos despampanantes que todas las tardes pasan por la acera de Carlos Cardenal.
Con su eterno puro entre ambos labios, el sempiterno traje blanco de dril, sombrero de pita o de fieltro y el saco a merced del viento callejero, Don Arturo es una visión andariega que ya forma parte de la geografía de Managua.
Jubilado del Banco Nacional, los días de pago llega muy temprano a cobrar su pensión cuyo monto cambia en billetes nuevecitos de un córdoba y luego se dedica a visitar el barrio de Riguero, el de Santo Domingo, el del Panteón, el de Blandón, el de Cristo de Rosario y otros más donde tienen su domicilio las numerosas odaliscas de su harén, a quienes entrega parte de su sueldo para la alimentación de sus 61 hijos y el alquiler de las casas.
Antes, como es lógico deducir, se había guardado celosamente lo correspondiente a la Casa Matriz. Pese a sus 76 años de edad, Don Arturo es tan joven como cualquier colegial. Eso nos trae al recuerdo que, cuando fue a chequearse a la clínica de los hermanos Mayo, los médicos especialistas declararon que su edad física cifraba en los 25 a pesar de tener 60 en ese entonces, con lo cual causó mayúscula sorpresa a los doctores, sobre todo a las lindas enfermeras del hospital que tenían la certeza de que don Arturo acostumbraba inyectarse el suero rejuvenecedor atribuido a un descubrimiento del sabio ruso Bogomoletz.
Y una anécdota suya como final: En 1956 concurrió como delegado de Cámaras de Comercio latinoamericanas, celebrada en México. El canciller mexicano por un olvido involuntario dio la bienvenida a todas las delegaciones mencionando cada país pero omitió el de Nicaragua. Para qué hizo eso! Don Arturo, quien en el extranjero se sentía más nica que la misma tierra nicaragüense, se levantó visiblemente resentido y enojado y le reclamo al canciller su grave falta, improvisando por ello una formidable alocución que ha dado timbre y gloria no sólo a nuestro país sino a toda América. Fue tal el apasionamiento y la sinceridad que brillaron en su discurso que el canciller se sintió impelido a pedirle disculpas, a abrazarlo fuertemente y a pedir ( Oh gran apoteosis!) que se ejecutase en su honor el Himno Nacional de Nicaragua. Y es que don Arturo pega con tubo dondequiera que va y si no, que digan “ellas” si no es verdad.

Guillermo Castellón
Managua, D. N; sábado 28 de enero de 1961

La semana Cómica Ilustrada año II número 54

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